Reflexiones para pensar el mundo laboral con perspectiva de Género.

*Daniela Caruzzo

Ocupación: ama de casa.

 La columna de esta semana, surge luego de escuchar que muchas mujeres que son amas de casa, desprestigiaban su trabajo con un tímido: – no estoy haciendo nada, en casa- a la respuesta de a qué dedicaban su valioso tiempo.

Entre el paseo por talleres y cursos de formación, surge la insistencia de las compañeras por romper definitivamente con este supuesto, motivando estas palabras. Porque este supuesto de que dedicar entre 3 y 6 horas diarias a las labores domésticas y el cuidado de los niñes es un acto meramente femenino que pasa inadvertido y disfrazado de amor encubre una  realidad que da  sustento a uno de los grandes principios económicos, políticos y sociales de la desigualdad entre hombres y mujeres. Sumado a esto, la necesidad de explicitar como las mujeres quedamos por fuera de los debates sobre los derechos laborales. Es decir, somos invsibilizadas.

Pero, ordenemos esta afirmación. Nuestra sociedad argentina, joven en historia pero no por eso menos intensa. Ha tenido  cierto retraso en cuanto a la aplicación de políticas que se orienten a disminuir las desigualdades entre hombres y mujeres.  Hace unos años atrás (2004) se creó una ley previsional para que todas  aquellas personas que no tuvieran 30 años de aporte, si la edad, pudieran acceder a la jubilación. De ahí que al ponerse en vigencia este plan, el 86 % resultaron ser mujeres, motivo por el cual se conoció la ley previsional como la ley de  “jubilación para amas de casa”.

Y aquí surgieron dos cuestiones, una (que no merece el debate) fue porqué jubilar a personas que no había trabajado. No habían trabajado? aquí dejemos de lado la cantidad de trabajo en negro en nuestro país que asciende a más del 33 % (segundo trimestre del 2017, AFIP) y pensemos en el alto porcentaje de mujeres que se visibilizaron.

Algunas feministas muy ortodoxas critican el rol de ama de casa de algunas tantas otras mujeres, critica a la cual rechazamos rotundamente,  porque desconoce una tesis central de la economía feminista, desde aquí en adelante vamos a tratar de deconstruir una idea del sentido común pero muy arraigada.

A qué te dedicas?

Ante la pregunta de a que dedican su tiempo, las mujeres amas de casa suelen decir: – a nada, a la casa y los chicos. Tarea a mi modo de ver, no menor. La administración del hogar, la limpieza, el cuidado de los niñes son tareas sumamente centrales en cualquier tipo de familia. Históricamente se ha centrado en las sociedades tradicionales este rol de madre-cuidadora a las mujeres, incluso en algunos periodos ha rozado casi una condena de por vida cuidar, no solo a los hijos sino a los padre y madres, abueles de la familia y enfermes; pero aquí la novedad es cuestionar el hacerlo como un acto de amor indiscutible y abnegado del género femenino.

La escritora Silvia Federici dedica varias páginas en su libro Calibán y La bruja a describir el proceso mediante el cual se inicia una domesticación de la mujer y su cuerpo, durante la Edad Media en Europa.

Para esta autora, durante el proceso de acumulación originaria marxista se destina a la mujer a la invisibilidad y la re-producción de la mano de obra a través del trabajo gratuito de “cuidar” de la familia y el trabajador varón.

Esto no quiere decir que, las mujeres a lo largo de la historia no hayan desempeñado, otros trabajos, sino todo lo contrario: al trabajo convencional tipificado “femenino” (también siempre desvalorizado y mal pago) se adiciona este  de “cuidadoras”, pero de manera gratuita y disfrazada de natural y amoroso. Así  a lo largo de un profundo análisis sobre el proceso europeo de acumulación originaria, los cercamientos del siglo XVII (mediante el cual se privatizan las tierras comunales) y la cacería de brujas (mediante la cual se domestica el cuerpo de las mujeres) Federici esboza los principios para comprender cómo se ha construido un sentido común, casi universal y exportable de los roles del hombre y la mujer modernos, que aún hoy persisten.

También, cabe preguntarse si en otras sociedades esto fue siempre así, sino no existía otro tipo de distribución de tareas. Por supuesto que, esta generalidad tiene sus excepciones, pero también luego del siglo XVIII comienza un proceso de expansión capitalista que va a llevar lentamente  a modificar o reforzar  todas las estructuras pre-existentes de la división de tareas y roles. De todas maneras, es válido hacer la aclaración de que la lectura histórica queda pendiente para un análisis más exhaustivo, que aquí no se precisa. Lo central es, incorporar la idea de que sin el trabajo de las mujeres la economía mundial actual no sería posible y situar en qué momento de la historia comenzó a esbozarse esta idea, porque sobre esta base que se ha legitimado y naturalizado el trabajo gratuito de las mujeres.

Por ejemplo, podríamos pensar de qué modo todas aquellas tareas consideradas “femeninas” podrían socializarse entre los grupos familiares.

Ahora pasemos a otra cuestión: qué sucede con aquellas mujeres que si están incorporadas al trabajo formal?

Aunque no discutimos el avance en ciertos aspectos y la democratización de las tareas laborales y el hogar, las estadísticas y la cotidianeidad nos muestran que las mujeres ocupamos puestos de menor jerarquía, no solemos terminar en tiempo y forma nuestros estudios, ni acceder a ascensos en el trabajo (en algunos casos cercanos se contrata a un hombre antes que ascender a una mujer), también que recibimos una  retribución económica menor  y que se nos asignan  tareas consideradas de “mujer”.

En la actualidad, también nos encontramos con varias dificultades, en el mejor de los casos (aquellas mujeres que lograron acceder a educación universitaria, egresaron y mantienen un trabajo formal) el llamado “Techo de Cristal” y el “Piso resbaloso”, son los términos acuñados para explicitar que aunque se ha logrado posicionar un porcentaje de cupo empresarial y en la esfera política las mujeres no llegan a equiparar el 50 % de igualdad en ningún trabajo, al igual que las condiciones salariales (en Argentina ganamos el 27% menos que nuestros compañeros varones) y de contratación (selectividad) están sujetas a la condición de “ser mujer”. Esto es, al momento de contratarnos inciden los planes de maternidad y la maternidad en curso, por ejemplo.

En los casos menos afortunados, como el de las mujeres que tiene un trabajo informal ,sin estudios o con estudios parciales,  o temporal y familia hay que pensar en adicionar entre 3 y 4 horas  a las jornadas de trabajo fuera del hogar, el cuidado de los niñes, ancianes y enfermes de la familia gratuitamente, menor salario y nulos aportes de seguridad social. Panorama mucho más desolador pero habitual.

Caso aparte y más complejo (a desarrollar en otra columna) es el del Trabajo Sexual, al que muchas mujeres tienen como única opción y otras tantas por practican por elección, lo central es que al ejercer el trabajo sexual quedan desprotegidas de todo tipo de regulación y amparo legal .Al hablar de la trata de mujeres, plateamos un delito que es una manifestación explicita de la violencia de género.

Y las mujeres trans, a qué se dedican?

Las mujeres trans se ven obligadas prácticamente a incorporarse a esta desigual distribución y retribución de tareas, a la cual se adiciona una fuerte cuota de discriminación, violencia, escases de oportunidades y limitaciones de acceso  actividades laborales (prostitutas, peluqueras, modistas) entre otras.

Pero volvamos a la actualidad, en Argentina 9 de cada 10 mujeres hacen casi la totalidad de las tareas domésticas y el cuidado de los niñes, lo cual nos lleva  a pensar que todavía falta mucho por hacer en cuanto a deconstruir el mito de la “mujer cuidadora”. El pasado 8 de Marzo Día Internacional de la lucha por los derechos de la mujer, comúnmente llamado el “día de la mujer”, se inauguró un hito histórico como fue el Paro total y simbólico mundial de las actividades que involucraran a las mujeres; un hecho que marcó precedente y sin dudas un giro del colectivo de mujeres como un movimiento social actual y popular que emerge en respuesta a los altos niveles de violencia simbólica y física del momento.

A estas alturas, se preguntaran cuál es el objeto de estos enunciados, y para finalizar estas líneas pensemos que es una invitación a plantearnos seriamente estrategias políticas, económicas y socioculturales para combatir  la sobreexplotación sobre el cuerpo y el tiempo de las mujeres no sólo en el mercado laboral oficial sino también en el ámbito doméstico.

 

Fuentes:

http://economiafeminita.com/

Federici, Silvia, “Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria”, Madrid: Traficantes de Sueños, 2004.

Consejo Nacional de las Mujeres

INDEC

 

 

 

 

 

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